El cursor parpadea
sobre lo que parece un folio en blanco.
Puedo escribir
muerte,
piedra,
amor,
agua,
miseria,
sangre,
sin mancharme los dedos
mas que con las letras
furiosas
que el iPad
altera.
El robot pretende que no me equivoque.
Borro,
evoco el crujido del papel
mientras arrugo mentalmente esta hoja
y el cursor espera
como un perro
jadeando
sus mayúsculas.
Me irrita
este falso folio sin poema,
sin afilados bordes
que hieran como cuchillo.
Abro una cápsula de café
envasado al vacío
que no mancha, ni deja aroma.
El cursor
continúa
respirando mi aliento.
Imagen: Forbidden Planet. 1956. Directed by Fred M. Wilcox.
Las calles están llenas
de animales hostiles
y solitarios camuflados en la masa.
Las redes están llenas
de peces que se miran,
desprecian, burlan,
ignoran.
Cadáver sobre cadáver.
Dicen que nos necesitamos
porque somos animales sociales.
Imagen: Jean Dubuffet. Subway, 1943.
Hundirse en un sufrimiento
de andar por casa
es tan fácil,
que me lavo la cara
de cuando en cuando
para sacarme las legañas
de esa tontuna
y tocar el hueso.
La apuesta
es sencilla:
Mis cartas no son malas.
Sólo me queda disfrutar
del vértigo
subida a una escalera de color
o lo que salga.
Sin trampas.
No es de dinero de lo que hablo.
Imagen: Paul Cézanne, Les joueurs de carte. (1892-95)
De pequeña solía soñar
que caía por el hueco del ascensor
y abajo había un monstruo.
Eso me aterraba.
No los huesos rotos, la caída o la sangre.
Verlo.
Con los años se relevan
sueños y miedos.
No son menos tangibles
que mi monstruo del ascensor.
Con ellos sigo
bajando y subiendo.
Imagen: Dr. Muta. Monstruos S.A.
Caída libre de perseidas.
Espectáculo
del polvo incandescente
de cometas secos,
fulminados
para disfrute
de nuestro futuro muerto.
Que siga la función
del derribo
a plazos.
Belleza y aplausos.
R.I.P.
Imagen: NASA
Sueñas.
Oxidándote mueves el aire,
-dolor de estar vivo-.
Crees que vuelas
como licor;
no sabes que te respiro
hecho sandía y piel,
impregnando
de semillas
la sal
de tus huesos.
Imagen: Sigalit Landau. Swimming with 500 watermelons.
Trazar puntos suspensivos
con gotas de agua sal
es inyectar
una tarde náufraga
en mirada sin orillas.
El mar no aquieta en un cántaro
de hormigón,
ni las gaviotas entienden de barcos.
Imagen: Yves Klein