Todo poema lleva un tú
que lo hace luciérnaga
en la noche del universo.
Los humanos-hormiga
nos dolemos
y amamos
en un radio
insignificante
como una fila
de puntos
suspensivos
surcando
simas tectónicas
sin ser conscientes
del vértigo.
Lo enorme no es visible
a nuestros ojos
de insecto.
Imagen: Tsuneaki Hiramatsu






