Nunca soñé
con ser princesa.
Me dan arcadas
las comedias
de amor americanas.
Pocas veces
me regalaron flores.
Pero hoy,
no me importaría
que apareciera
un príncipe
-no necesariamente
azul,
no soy racista-
que me sacuda
a polvos
la tristeza.
Y después
que se vaya
a cazar ranas.
Imagen: Akiko Ijichi
Ya casi no recuerdo
cómo se conjugan ciertos verbos.
Me descubro en ocasiones
hablando sola
como las locas
para no olvidarlos.
Se desvanece de mi memoria
cómo temblaba de sol
en otras vidas
horas y horas
abatiendo mundos,
construyéndonos.
Porque es piel lo que parece
luz, deleite y arrebato,
y puedo tornarme fuego
y los cuerpos no engañan
y aman y mueren
desmembrándose
en cada encuentro.
Pero su sola lengua no quita
la sed.
Que te muestres y me acojas
en palabras desnudas
de vientre.
Lo echo de menos.
Imagen: Xavier Escribà. Epidermis. Les yeux Klee.
Apenas...
Un hueco
donde encaja
el tiempo del movimiento.
La órbita
de nieve
de una pantalla del siglo XX.
Secuencia sideral
en el paréntesis
del ansia bajo la almohada.
-Soy,
eras,
serás-
Y de fondo,
suenan los sueños.
Si el futuro no existe,
déjame
arder y evaporarme en paz.
Colecciono abanicos rojos
y hojas de otoño.
Me arropan
unos cuantos amigos.
A veces me entristece
el contrabando de memorias.
De pequeña me enseñaron a leer
y a perseguir destinos,
pero mi sentido de la orientación
es caprichoso
y me invita a transitar dunas de arena.
Es un dato objetivo
que tengo más de cuarenta años.
No me escondo de nadie,
atravieso veranos,
desenvuelvo inviernos,
me acurruco,
estiro el cuello,
me quiebro de sorpresa,
me despojo, crezco.
Imagen: Adara Sánchez Anguiano
No venero
la sinergia de la noche
y el alba.
Nadar-en-vertical,
crear-clima,
sacar-meter
la pata-la lengua-los ojos
en ningún tiesto.
Dime: ¿qué es para ti
este crujido de piel y neuronas?
Un surco rotundo,
músculo de agua o un charco.
Dolor.
No es ir en dirección férrea
o del viento.
Tinta de sudor
en tu sexo.
Imagen: Max Dupain
Me desesperan
el lenguaje de adoquines
y las tardes
que mueren encrespadas.
Porque la vida
se encharca de adjetivos
y rampas y curvas y rectas.
Y se invocan
paisajes que son polvo
de balcones a pinceladas.
Y la metáfora,
de puntillas,
nunca alcanza a tu puerta.
Imagen: Paula Bonet
¿A quién le importa
cómo la luna
desata mi euforia
y los tentáculos
de las siete plagas
me exilian
al infierno del dolor?
¿O si las manos eran manto
o algas negras?
Hasta que el exorcismo
del desierto
acribille todos tus planetas
y se aquiete la marea
de la peor versión
de mí misma,
silencio,
eclipse,
espejo.
Imagen: Escena de Melancholia, de Lars von Trier.